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Fenómenos
registrables
Los llamados fenómenos paranormales
siempre han sido mal vistos y rechazados por el oficialismo científico
ya que para prestar atención a unos hechos a los que se les pueda
dar la categoría de “fenoménicos” se les exige estar encuadrados
en unos parámetros y condiciones que la ciencia considera básicos,
y que han de cumplirse ineludiblemente, y que son:
1) El fenómeno tiene que ser observable y observado por los investigadores interesados por él.
2) El fenómeno debe ser repetible y mensurable tantas veces como se desee, en condiciones especialmente diseñadas y protocolarizadas para tal finalidad en el control del laboratorio, en cualquier lugar y con la simple aportación de la aparatología precisa para ello.
3) Una vez observado exhaustivamente, medido y repetido, el fenómeno ha de dar lugar a teorías e hipótesis que lo explique y dicte predicciones de comportamientos futuros.
En honor a la verdad hemos de admitir que la fenomenología paranormal no se ciñe a estas constricciones, más bien al contrario, como ya se ha podido observar en las ocasiones en que se ha querido someterla esta se presenta díscola e incontrolable. Por ello, según los detractores de esta disciplina, carece de metodología y por lo tanto de rigor científico, emergiendo a la hipótesis explicativa como algo totalmente subjetivo. No obstante, aseguramos, que lentamente las cosas han ido cambiando, y en la actualidad, gracias a la Parapsicología Interdisciplinar e instrumental, parece abrirse nuevos horizontes que aumentan la “objetividad” de estos fenómenos, queremos decir, que aumenta el registro fiable de la fenomenología.
Lo cierto es que para que la investigación parapsicológica avance en sus conclusiones acerca del comportamiento y motivación del fenómeno, es indiscutible que se necesita de muy variadas disciplinas convencionales, tales como la Física y Química, Cosmología, Antropología, Psicología, Medicina, etc. Es por eso que ante este hecho nace el concepto de “Parapsicología Interdisciplinar”, y como es lógico nos vemos en la necesidad de emplear conceptos y calificativos propios de estas ciencias, a las cuales es obligado que recurramos.
Esta denominación, que pudiera ser aceptada por un amplio abanico de investigadores que son conscientes de que un gran número de fenómenos van más allá de lo que conceptuamos como “parapsicología”, y tras un avance espectacular de ciertos sectores de la experimentación instrumental, como las TCI, bien podría también ser denominada como Transparapsicología.
Teorías
explicativas de las EVP (transaudiocomunicación)
Las llamadas popularmente en el mundo
latino psicofonías, constituyen una fenomenología más
que comprobada, y se cuentan por miles las personas que han podido constatarlo
con sus propias experiencias de grabación. Ahora bien, si la parte
fenomenológica está demostrada, no ocurre así respecto
a las causas que la desencadena puesto que hasta la fecha admiten orígenes
dudosos o variables.
Básicamente, son cinco las teorías que en un principio se expusieron para explicarlas, algunas de ellas, todo hay que decirlo, un tanto alegremente. De estas, tan sólo son dos las que en la actualidad se tienen en consideración, una de estas dos con más consistencia y pruebas que la otra. Hagamos un breve resumen de cada una de ellas, y que son las siguientes:
Primera Teoría: Intervención esporádica de radioemisoras.
Segunda Teoría: Emisión involuntaria de vocablos, o “ventriloquía subliminal”.
Tercera Teoría: Hipótesis, o principio de “impregnación ambiental”.
Cuarta Teoría: Interacción telepática (o psíquica) entre el experimentador y los aparatos.
Quinta Teoría: Hipótesis transcendental.
Primera Teoría:
Intervención esporádica de radioemisoras
Esta teoría muy pronto quedó
descartada pues, de ser cierta, lógicamente se grabarían
canciones y músicas actuales, anuncios, comentarios de locutores,
etc., de una manera continua e indiscriminada. Estadísticamente
se ha demostrado que este hecho se ha producido, pero en un porcentaje
inferior al 0,01% de los casos. Esta hipótesis, como decimos, quedó
prácticamente descartada casi desde un principio.
Las ondas de radiofrecuencia empleada en radio y televisión tienen una longitud comprendida entre los 0,3 metros y 10 elevado 9 Hz, siendo generables en circuitos oscilantes. En 1864 Maxwell expuso los principios de su teoría electromagnética anunciando la existencia de unas ondas cuya velocidad sería próxima a la de la luz. Años más tarde, otro científico, Hertz concretamente, consiguió mediante circuitos oscilantes lanzar al espacio las ondas anunciadas por Maxwell. Las ondas herzianas que constituyen las emisiones de radio propiamente dicha, son detenidas por las jaulas de Faraday, es decir jaulas o cajas metálicas. Un radioreceptor colocado dentro de una de estas cajas, enmudece instantáneamente, ya que las ondas quedan detenidas sin llegar a él. Sólo se escuchará un ruido de fondo parasitario, pero no la emisora que estaba retransmitiendo en la frecuencia concreta. Si se coloca el micrófono, o mejor dicho, todo el sistema de grabación en el interior de una de estas jaulas, ningún tipo de onda herziana llegará al equipo. Esta prueba y otras que requieren una tecnología más complicada y perfecta, demuestran que el fenómeno no se debe a la entrada de ondas electromagnéticas convencionales, aunque ello, de forma accidental, fuera del uso de la jaula de Faraday, y como ya hemos apuntado, pueda llegar a suceder.
Segunda Teoría:
Emisión involuntaria de vocablos, o “ventriloquía subliminal”
Esta segunda teoría se basa
en la emisión involuntaria de vocablos, y es también llamada
de “ventriloquía subliminal”. Esto es, el experimentador, bajo el
estado de tensión provocado por la propia experiencia, llega un
momento en el que en contra de su voluntad emite palabras por debajo de
su límite o umbral auditivo. Para que ello ocurra las palabras emitidas
tienen que estar dentro del marco de lo subliminal.
El oído humano alcanza su máxima sensibilidad cuando la señal recibida corresponde a las dos octavas superiores del piano, que viene a ser entre las 2.000 y 5.000 v.p.s. (vibraciones por segundo). Los límites auditivos quedan comprendidos entre los márgenes de 16 v.p.s., como mínimo, y 30.000 v.p.s. como máximo, o límite superior. En realidad estos límites quedan reducidos, ya que el umbral de audición es de 40 v.p.s. y el límite superior, después del cual nos encontramos con la frontera de lo doloroso, que es de 18.000 v.p.s.
Si los registros de voces paranormales fueran en realidad una emisión involuntaria de vocablos, incluso tratándose de una ventriloquía (hipótesis favorita del Padre O. G. Quevedo) tendría que realizarse por debajo del umbral de percepción (40 v.p.s), puesto que de hacerlo en el otro extremo de la audición, entraríamos, repito, dentro de la zona dolorosa al oído. Con referencia a lo expuesto, respecto a que fuera una emisión que no alcanzara las 40 v.p.s., no habría nada que objetar si no fuera por el hecho de que las ondas acústicas, o de presión, no se transmiten en el vacío... Y lo cierto es que se han conseguido registros de voz muy claros colocando los micrófonos en campanas de vacío, lo que demuestra que no se trata de un fenómeno meramente acústico.
Tercera Teoría:
Hipótesis, o principio de “impregnación ambiental”
Esta hipótesis, o principio
de la “impregnación ambiental”, es otra de las viejas glorias de
las múltiples teorías que se han formulado.
Se esbozó bajo la idea de que las palabras y los hechos quedan grabados en el tiempo, como si de una cinta cinematográfica y magnetofónica se tratase. Este registro “espacial”, formado por ondas de naturaleza desconocida, en un momento dado y por un efecto de resonancia espacial (¿?), se liberaría produciendo el fenómeno de voz. Como puede verse el asunto para sus defensores “está clarísimo...” Mal se puede explicar la motivación de algo tan desconocido como son las voces parafónicas con unos elementos tan inseguros e irregulares que necesitan ser también explicados en sí mismos.
Si aceptáramos la existencia de esos trenes de ondas, que por tanto se trataría de estados vibracionales, sería hasta cierto punto admisible que provocaran trastornos en las grabaciones. Pero indudablemente lo harían de forma ocasional y, lo más importante, las grabaciones no tendrían relación con las preguntas que el experimentador realiza.
El hecho o característica de que las voces que llegan hasta la cinta de grabación se comporten inteligentemente y con cierta intencionalidad, es en realidad la faceta demoledora de esta teoría de trabajo. Alguien, para dar cierta solidez a la teoría de la impregnación, dijo que estos registros eran inteligentes. Es con este comentario, bajo la premisa de este mismo argumento, cuando realmente nace el principio de lo transcendental.
Cuarta Teoría:
Interacción telepática (o proyección psíquica)
entre el experimentador y los aparatos
Otra teoría que se expuso, y
que aun hoy día guarda vigencia, es la de intentar explicar el fenómeno
desde el punto de vista de que se trata de algo así como una especie
de telepatía, o proyección psíquica entre el experimentador
y los aparatos de grabación, esto es, de un fenómeno psicocinético.
Esta idea fue aceptada durante bastante tiempo de un modo general. En la
actualidad está sumamente debilitada, y solo algunos teorizantes
que nunca se han molestado en experimentar la defienden.
Por otro lado, si aceptamos la intercomunicación entre cerebro y aparato es lógico considerar que a mayor número de asistentes a una sesión, mayor es la posibilidad de que se produzca inconscientemente la emisión telepática, lo cual equivale a decir que aumentaría el número de registros. Al menos, parece un razonamiento lógico... pero no lo es, ya que ocurre precisamente todo lo contrario. Puede prácticamente afirmarse que a mayor número de asistentes, menor es el número de inclusiones parafónicas, pues aunque halla un tumulto de personas reunidas la práctica siempre reviste una experiencia intimista y personal.
Quinta Teoría:
Hipótesis transcendental
La teoría de lo transcendental
es la que admite que las voces paranormales proceden de otros parámetros
de vida o estadios de la misma. Esta hipótesis, es sin duda, y a
pesar de muchos, la que tiene más defensores o adeptos. No obstante,
queremos aclarar, que dentro de esta hipótesis hay variadas tendencias,
pero nosotros nos moveremos entre dos de ellas por considerarlas las más
representativas. Una es la que se mantiene dentro de unos límites
romántico-filosóficas, mientras que la otra, queriéndose
despojar un tanto de esos matices, adopta una postura más científica
y actual. Realmente ambas teorías son convergentes.
Recordemos los nombres de aquellos investigadores, de auténtica valía y solvencia, que desde el primer momento se inclinaron en apoyo y defensa de la teoría transcendental, y que en la actualidad (algunos ya fallecieron) siguen firmes en sus convicciones: Fredrich Jürgenson, Konstantin Raudive, William O’Neil, George Meek, Olof Jacobson, Leo Schmidt, Ernts Senkowski, Jochem Fornoff, Monique Simonet, Sonia Rinaldi, Sarah Estep, Erland Babcok, Marcello Bacci, solo por nombrar algunos, son, o han sido, defensores a ultranza de la existencia de la vida después de la muerte. Para ellos resultan válidos estos registros extraordinarios como un peldaño más de la escalera que en la actualidad los nuevos avances de la tecnología van formando, y que conduce hacia el conocimiento de esa vida inmaterial.
Otras hipótesis:
la esotérica y ocultista
Existen otras consideraciones, dentro
de los estudiosos esoteristas y ocultistas que, aunque admiten como indudable
el hecho de que las voces paranormales llegan hasta nosotros procedentes
de otros planos no materiales, no califica sin embargo el fenómeno
como procedente del alma o del espíritu de los difuntos.
Veamos, pues, la interpretación esotérica. Según las más antiguas enseñanzas el ser humano está considerado como una formación tripartita. Esta formación, en esencia, delimita sus componentes con las definiciones de cuerpo físico, psique, o mente, y espíritu. El cuerpo es el soporte físico imprescindible y necesario para que la psique y el espíritu puedan manifestarse dentro del marco terreno. Este cuerpo perecedero muere liberando a sus acompañantes. Psique y espíritu se desprenden transcendiendo a otros planos de existencia. La psique, es igualmente perecedera, quedando durante un tiempo no definido, pero limitado, en un plano desde el cual es posible que en contadas ocasiones pueda comunicarse con nosotros. Mientras, el concepto “espíritu”, que es el más elevado, desprendido por toda atracción por lo material y desprovisto de sentimientos que lo aten al plano físico, asciende en busca de la divinidad, hecho que es el fin de todo ser humano. Después de estas pinceladas sobre conceptos establecidos y heredados de la vieja India, de los clásicos griegos, Pitágoras y Platón, que es en realidad de donde arrancan las actuales interpretaciones del concepto de ser humano, pasemos a mencionar una de las posibles causas de los fenómenos de voces paranormales, según los conceptos algo más ocultistas.
La tradición ocultista considera al cuerpo físico formado por los componentes más palpables dentro de nuestro plano de existencia terrena. El cuerpo etérico, que se le considera una réplica más sutil del cuerpo físico está formado por cuatro facetas o constituyentes (según estas tradiciones). Estas facetas son: el Etérico, propiamente dicho, el Pseudoetérico, el Subatómico y el Atómico. En realidad, este “Doble” es el punto mediante el cual nuestro cuerpo físico tiene constancia, noticias, de los estados superiores, conocidos por los nombres de Cuerpo y Plano Astral, y por encima de éste, el Cuerpo y Plano Mental.
Sabemos que el ser humano vive inmerso en un mundo que escapa a sus posibilidades de percepción, debido a sus limitados sensores físicos y psíquicos. Parece ser que durante el sueño natural tiene, puede tener, contactos con esos otros estadios de vida, y que en muy limitadas ocasiones puede “traer” información de ellos. Ciertas personas muy evolucionadas tienen entrada en el mundo invisible, de un modo voluntario y bajo control. El éxtasis religioso (de cualquier religión), la contemplación meditativa. La oración intensa, así como el desprendimiento de todo lo material, la ausencia de orgullo, codicia, etc. son las llaves (según diferentes autores) que abren las puertas hacia ese mundo inmaterial.
De igual modo que existe una pirámide zoológica cuya base está formada por las formas más rudimentarias de vida, alcanzando su plenitud de vida organizada en su vértice superior, que corona el ser humano, una nueva pirámide de evolución espiritual espera a éste cuando, después de la muerte, se integre al mundo espiritual. Una pirámide constituida en su totalidad por entidades invisibles de niveles espirituales más o menos elevados (diferentes grados de evolución). La base de esta pirámide es la parte más próxima a nuestro mundo físico, y por lo tanto la “zona” donde permanecen los seres menos evolucionados, o bien aquellos que por lazos sentimentales, o de misión, han de mantener durante algún tiempo cierta relación con el mundo físico.
Pues bien los esotéricos y ocultistas (incluso, muchas corrientes espiritistas) no admiten por lo general que las voces paranormales sea una manifestación de los espíritus de las personas desencarnadas. Para ellos, el fenómeno de las grabaciones paranormales se debe a la presencia de restos anímicos, que intentan por todos los medios contactar con nosotros. Y ello es posible por el hecho de que se encuentran en la zona más baja de la mencionada pirámide espiritual, y por lo tanto interfieren en nuestro mundo físico. Sean es realidad espíritus, como se acepta en la actualidad, o sean simplemente los restos anímicos (cascarones astrales, según la terminología ocultista) abandonados por el espíritu al depurarse en su ascenso, lo cierto es que los esotéricos-ocultistas admiten plenamente la posibilidad de que las parafonías sea un fenómeno de contactación con planos inmateriales de vida inteligente.
Hasta hace poco toda exposición espiritualista estaba en contraposición con el empirismo del mundo científico. Ambas, antagónicas, se cerraban los caminos mutuamente. En la actualidad, se esta dando un progresivo acercamiento entre algunos sectores de lo científico y lo espiritual. Así, vemos que lo que Guenón llama “restos anímicos”, y que en realidad eran conocidos desde la antigüedad por los latinos con el nombre de MANESE, y por los hebreos por el de SOPLO DE HUESOS, hoy en día algunos físicos y neurólogos lo bautizan con el nombre de “quantos psinergéticos” (James Bedford y Walt Kensington). Este nuevo concepto viene a explicar con términos actuales una larga serie de fenómenos, de tal forma que, como ya hemos mencionado, espiritualismo y cientifismo, se tienden la mano.