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Mecanicismo y caos determinista.
En el siglo XVIII, la ciencia había tenido tal éxito en el descubrimiento de las leyes de la naturaleza que muchos pensaron que quedaba poco que desvelar, pues leyes inmutables determinaban el movimiento de cada partícula del universo, al parecer de forma exacta y para siempre. Pero llegó el siglo XX y con el advenimiento de la mecánica cuántica el mundo mecánico se convirtió en una lotería cósmica, y la imperturbabilidad del tiempo y del espacio, como sistemas lineales, se contrajeron y estiraron como el chicle que masticábamos de niño a la luz relativista de las teorías einstenianas.
Y surgió una tercera revolución fundamentada
en las llamadas matemáticas del caos, y su prima hermana, la geometría
fractal, que entre otras cosas ha dado pie a la elaboración de nuevas
teorías del espacio y el tiempo fractal. Se trata de un descubrimiento
espectacular cuyas implicaciones aún no ha producido todo su impacto
en el pensamiento científico. Los conceptos de predicción
o de repetibilidad de un experimento adquieren nuevos aspectos cuando se
analizan desde la óptica del caos. Lo que creíamos era simple
se convierte en complicado, y surgen nuevas y perturbadoras cuestiones
relativas a la medida, la predictibilidad y la verifcación o refutabilidad
de las teorías. En contrapartida, lo que se creía que era
complicado puede volverse sencillo. El caos determinista posee sus propias
leyes e inspira nuevas técnicas experimentales. Los hechos irregulares,
extraños e insólitos de los que a veces somos testigos y
que nos empeñamos en denominar de "paranormarles" podrían
ser manifestaciones físicas de un caos determinista, inaprehensible
aun a nuestros conceptos de entendimiento localista, lógico y cartesiano.
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¿Pero que es un fractal?... Un fractal es un ensamblaje geométrico complejo, de dimensiones fraccionarias dentro de un objeto donde las partes presentan una estructura fragmentada, porosa e irregular, pero análoga al "todo" del objeto. La misma estructuración aparece a todos los niveles cada vez más pequeños, es una suerte de "autosimilitud estructural" sobre despliegamientos sucesivos, como una representación idéntica.
Un descubrimiento genial de consecuencias imprevisibles.
Existen múltiples ejemplos de fractales en
nuestro universo: El flujo turbulento de un fluido, las inversiones del
campo magnético terrestre, las irregularidades de los latidos del
corazón, los giros desordenados de cuerpos celestes, las franjas
vacias en el anillo de asteroides, el crecimiento de las poblaciones de
insectos, el goteo de un grifo, la evolución de una reacción
química, el metabolismo de las células, los cambios meterológicos,
la
propagación de los impulsos nerviosos, las oscilaciones de los circuitos
electrónicos, el movimiento de un barco amarrado a una boya, el
rebote de una bola de billar, las colisiones de átomos de un gas,
los minerales y los cristales, las ramificaciones de los arboles y flores,
los encontramos en el sistema cardiovascular, en los pulmones, en las neuronas,
en los litorales y en las montañas así como en las fallas
de la Tierra, en la distribución de las galaxias, en las composiciones
musicales, en la incertidumbre subyacente de la mecánica cuántica...
y quizás, como consecuencia de esta, en la composición y
evolución del fenómeno paranormal, dentro de los resultados
de las TCI en general, y de lo que llamamos psicoimágenes,
en particular, de las que expondremos más adelante como surgen y
evolucionan, detallando sus peculiares desarrollos estructurales de formación
y las hipótesis de explicación recurrentes a la que nos llama,
como una inmensa estructura que emerge frente a la visión del observador,
creándose formas virtuales incomunes de manera extraordinaria pero
con una finalidad determinista de figuras reconocibles e interpretables,
rostros en su mayoría; del surgimiento de unos "extraños
atractores" matemáticos donde se asientan las composiciones
figurativas, que se hacen posible a partir de numerosos y complejos puntos
infinitos y microscópicos, cada vez más reducidos desde los
cuáles generan espacios y fuerzas vivientes abstractas en evolución
constante hacia una estructura determinista.
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La autosimilitud de los fractales hace pensar sobre sus características holográficas, de cómo una de sus partes puede reconstruir la imagen completa, asemejándose a la teoría física holográfica de David Bohm.
Los fractales confrontan la extraña teoría cuántica de mundos múltiples paralelos y divergentes, llegando a sobrepasar las ideas mas extravagantes que postula la ciencia ficción. Esta teoría reposa sobre un formalismo matemático sólido y actual.
Incluso la vida y la muerte, desde un punto de vista fractal, se entienden como una espiral, la entidad reencarna sobre sus anteriores nacimientos de manera autosimilar, ella misma surge en un nuevo nivel de forma más evolucionada.
La dinámica de fluidos y la geomtería fractal: una explicación a la formación de las psicoimágenes.
Pero vamos a centrarnos en las explicaciones que a continuación detallamos sobre el hecho experimental del estudio y la observación metódica y detallada.
Estudios y observaciones, que se hicieron posibles
gracias a los intentos de poder estabilizar las turbulencias luminosas
que se forman en la pantalla del TV para poder ver directamente el proceso
de formación de las imágenes. Pudimos entonces deducir, por
extrapolación comparativa, ciertos comportamientos semejantes que
se originan en sistemas físicos parecidos (y que hemos citado),
aunque de composición diferente y de resultados totalmente convencionales.
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Entonces, desde que conseguimos lograr la estabilización de las turbulencias luminosas en la pantalla del monitor de TV empezamos a darnos cuenta que las imágenes se resolvían en un comportamiento fluídico-dinámico, configurándose a través de un soporte matemático-fractal.
Al parecer, las imágenes no tienen su origen (como una emisión de televisión convencional), a partir del tubo de vacío del cañón de electrones del aparato, sino que parecen formarse sobre el substrato químico por la excitación electronica de los cristales de luminofósforos del revestimiento externo de la pantalla del televisor que se esté empleando en la experimentación. Aparentemente, de manera espontánea, surge una multitud de puntos de luz por efecto del soporte luminoso que se esté usando y su posición con respecto al resto de aparatos, donde ya se aprecia, aunque de forma simple, figuras definidas que, enfocadas aleatoriamente por la cámara de vídeo, recoge la imagen y la "devuelve", magnificándola, de manera ininterrumpida al aparato de TV, creando por el efecto de espejamiento multiplicativo causado por la reatroalimentación provocada por el acoplamiento de los aparatos en circuito cerrado, un fluido dinámico-luminoso que parece surgir de un punto infinitesimal o "pequeño agujero", que es la zona de incidencia del enfoque de la cámara de vídeo en la pantalla del televisor, abriéndose en abanico, en una trama de líneas divergentes, que tiende a regularizar en los vórtices turbulentos, que se van creando a tamaño finito, y a través del desarrollo de un proceso de formación fractal, las imágenes aparentemente microscópicas.
Seremos más explícitos. En las extremadamente
diminutas imágenes que se forman sobre el quimismo externo de la
pantalla no está toda la información, sólo la necesaria
para crear, como decimos, un proceso de evolución fractal. Contienen
una pequeña cantidad de información, una especie de comienzo,
un inicio, y a través de un desarrollo regenerativo que a
base de repetir este proceso a distintas escalas representadas en los vórtices
turbulentos del dinamismo constante del fluido luminoso, acaba por producir
imágenes de una aparente complejidad. Entonces, podemos observar,
que a partir del caos de las fluctuaciones luminosas surge una pauta. Orden
y caos emergen íntimamente entrelazados. El aparente desorden de
las turbulencias luminosas que aleatoriamente se forman en la pantalla
del monitor de TV da lugar a un resultado final de imágenes deterministas
perfectamente reconocibles e interpretables.
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Los matemáticos que se ocupan de estos novísimos conceptos empiezan a considerar el orden y el caos como dos manifestaciones distintas de un mismo determinismo subyacente, y ninguna de ellas existe por separado pues en vez de polaridades opuestas, existe un espectro continuo. En resumen, vienen a significar, que un sistema determinista puede comportarse de un modo aparentemente aleatorio.
Las turbulencias luminosas, como cualquier dinámica de fluidos, parecen involucrar vórtices más y más diminutos. Pero un vórtice de dimensiones subatómicas es un absurdo físico. Las ecuaciones a este respecto de los matemáticos Navier-Stokes sostienen que cualquier fluido de composición molecular que se rigiera a este nivel de detalle, tendrían que hacer trizas sus átomos (aunque en el caso que nos ocupa estamos tratando de un fluido que es luminoso y sabemos que las propiedades de la luz, que es onda y partícula al mismo tiempo, no tiene nada que ver con el comportamiento de los modelos moleculares de los estados de la materia ordinaria).
Así, probablemente, la turbulencia luminosa
que da lugar a la modulación de las figuras extrañas pero
reconocibles, es un efecto macroscópico de la estructura atómica.
Estas
estructuras de dimensiones atómicas se propagan a través
del flujo físico, aumentando de tamaño, y luego observadas
como turbulencias.
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Pero habría que preguntarse dos cuestiones fundamentales: ¿De dónde viene la turbulencia y cómo hacerla estable para que pueda ser observada y estudiada?
En dinámica, las vibraciones son matemáticamente fundamentales. Cuando un estado, hasta ahora estable, adquiere una vibración, como sucede cuando creamos un campo de profundidad en la pantalla manipulando los aumentos del zoom de la videocámara, se añade a su movimiento actual un nuevo movimiento periódico.
Landau vio el comienzo de la turbulencia como una acumulación de vibraciones. Teorizó que, en sus primeras etapas, la turbulencia es una superposición de tres o cuatro movimientos periódicos diferentes, y que cuando llega a estar totalmente desarrollada, el número de movimientos periódicos se hace infinitamente grande.
Como ustedes saben, existe un área de Física
que estudia las "transiciones de fase" ocupándose del comportamiento
de los cambios de estado de la materia, tales como un líquido que
se convierte en gas. Kennet Wilson de la Universidad de Cornell,
de manera muy recurrente, propuso una nueva idea sobre las transiciones
de fase. Estaba basado en la idea de la autosimilitud, la tendencia
de estructuras matemáticas idénticas a repetirse a muchos
niveles. La imagen clásica de la turbulencia tiene precisamente
esta estructura: una cascada de vórtices cada vez más pequeños.
El comienzo de una turbulencia, matemática y físicamente,
se parece a una transición de fase; la única diferencia con
la idea habitual de transición de fase es que la turbulencia
es una transición del flujo en lugar de la estructura física
de una substancia.
Si seleccionamos zonas cada vez más pequeñas de los vórtices turbulentos y las ampliamos al tamaño total, la imagen resultante puede estabilizarse en el sentido de que versiones sucesivas, en ampliaciones cada vez mayores, empiezan a parecer casi idénticas. En ese caso podemos pasar al límite, terminando con una imagen, de tamaño finito, de la geometría infinitesimal. A este procedimiento, en matemática del caos, se le llama "renormalización del sistema" Nos encontramos, entonces, de que en la versión renormalizada la autosimilitud es exacta, no sólo aproximada. Y cualquier propiedad del original que sólo dependa de la geometría infinitesimal puede obtenerse de la geometría finita del objeto normalizado.
Así, podemos concluir, que la "renormalización"
de las imágenes finales que se producen en la pantalla del TV, formando
en conjunto una composición figurativa estable y homogénea,
perfectamente reconocible e interpretable, es un truco matemático
que funciona bastante parecido a un microscopio por causa del zoom de la
cámara de vídeo, encarada al TV, en circuito cerrado, que
provocando el efecto de retro-alimentación en un proceso de aumento
multiplicativo constante, es lo que hace aumentar la estructura
autosimilar, suprimiendo cualquier aproximación y filtrando
el resto. Podríamos decir, que teniendo en cuenta el origen caótico
y la resolución determinista de estas imágenes se produce
un fenómeno de regentropía, aparentemente contrario
a los principios de la Segunda Ley de la Termodinámica que postula
que en el universo, todo orden implícito tiende a su desorganizacióny
dispersión, y no al revés.
Por otro lado, y como corroboración de los procesos del comportamiento figurativo de las trans-imágenes, que parecen aportar cierta cualidad de carácter concluyente desde el punto de vista experimental, es la observación de que la diferencia de escala de los vórtices turbulentos que se forman en la pantalla que, como decimos, sirven de soporte para la composición de las imágenes en progresión fractal, guardan entre ellos una diferencia de factor de escala cuyo valor numérico es de 4,669, conocido en dinámica como la "Constante del Arbol de Feigenbaum", descubierto por este físico, que como el número "pi" (3,1416) es una constante matemática natural y puede ser aplicado como valor universal. De hecho las predicciones de Feigenbaum han sido confirmadas por científicos de todo el mundo, no sólo en fluidos turbulentos, sino en toda clase de sistemas físicos: electrónicos, ópticos e, incluso biológicos, como ya expusimos al pricipio.
La luz y sus propiedades, como parte constitutiva esencial en la manifestación del fenómeno de las transimágenes.
Como decíamos en el capítulo anterior, parece que es observable la creación de una primera información que se presenta básica, como si fuera un inicio. Esta primera información es posible que tenga su origen en el alto valor energético que se crea en los cristales de luminofósforos del revestimiento químico de la pantalla a consecuencia de la excitación fotónica procedente del soporte luminoso que se esté empleando, dando lugar a lo que podríamos llamar un efecto opto-electromagnético que, evidentemente, se desplaza a la velocidad de la luz.
Es coherente pensar que en este hecho radique uno
de los aspectos constitutivos de la manifestación del fenómeno,
por cuanto esta primera y básica información visual, imperceptible,
es enfocada aleatoriamente por la cámara y al ser magnificada repetitivamente
en una sucesión infinita de vórtices (atractors extraños)
que progresan en una proporción de escala constante, formando estructuras
fractales que dan lugar a figuras homogeneas y coherentes a la interpretación,
puedan proceder de sistemas que ya no pertenecen a nuestro universo tetradimensional
de percepción y provengan, a través de esta vehiculación
dinámico-fractal de otros ambitos dimensionales. Manifestaciones,
que por otra parte, evocan una clara y evidente voluntad de intencionalidad
inteligente al constituirse en figuras reconocibles por extrañas
que sean.
El premio Nóbel de Física Teórica Steven Weinberg y sus colaboradores señalan la necesidad de postular más de tres dimensiones espaciales, además del tiempo, para poder explicar el funcionamiento del universo.
Consideran que estas extradimensiones están como encogidas en tamaños inferiores al de un átomo y aunque no podamos verlas de manera directa podemos detectar sus efectos cuando se mueven. Por ejemplo, dice que una ondulación en la quinta dimensión se percibe como una fuerza electromagnética, causante de fenómenos como la luz, el magnetismo y las ondas de radio y TV (curiosamente, muchas de las manifestaciones de los supuestos habitantes de otros planos de existencia afirman que la energía electromagnética se extiende por todas la dimensiones a la vez).
Creo que las conclusiones son evidentes y no hace falta que insistamos más en ello. Parece probable que con estas técnicas electrónicas se estén dando facilidades a la "modulación" de procesos físicos observables a "inteligencias" no visibles, que nos facilitan una información reconocible, desde el punto de vista interpretativo, abriéndose "ventanas" a un espacio que ya no está a la medida de nuestra percepción sensorial. Y es posible que este "espacio distinto", contenga también, implícito, un "tiempo diferente".
Una última reflexión. Volviendo a las
ecuaciones matemáticas de los físicos que estudian la dinámica
de fluidos, estos afirman, como ya se ha dicho, que toda turbulencia tiene
su origen en el microcosmos de los procesos subatómicos, a causa
de la inestabilidad que puede producir una vibración añadida;
Pero si esto es así, vuelvo a preguntarme: de hecho ¿cuáles
son las coordenadas espacio-temporales concretas dónde sucede el
origen de estos sistemas?.
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No es fácil interpretar la mecánica cuántica al nivel humano, y hay escuelas de pensamiento que aseguran que no existen motivos para tratar de hacerlo debido a que el mundo cuántico y el de nuestros sentidos, no tienen nada en común.
Otros, sin embargo argumentan, que la función onda representa no el estado de la partícula, sino una superposición de todos los estados posibles; y cuando se realiza una observación, la función onda "colapsa" en un único estado. Antes de dicho colapso, representa la probabilidad de que el sistema se halle en un estado dado.
Hemos comprendido que el caos determinista es responsable en gran parte de la aleatoriedad observada en la mecánica clásica, ¿podría el caos cuántico ser el responsable de la aleatoriedad observada en la mecánica cuántica, trasladando esta cualidad a nuestros sistemas clásicos de percepción y conocimiento?.
Pues parece que no, por el momento. El caos en los sistemas cuánticos convencionales se manifiesta de forma bastante distinta a como lo hace en los sistemas clásicos. Si existe una relación más profunda es todavía demasiado difícil de comprender para nosotros, que somos poco más que monos de repetición.
Desde un punto de vista físico, el caos clásico
involucra atractores fractales, es decir, estructuras a todas las
escalas. Pero en la mecánica cuántica, al menos como los
físicos la conciben en la actualidad, no existe ninguna estructura
a escalas menores que la "Constante de Planck". Así los efectos
cuánticos borran cualquier posibilidad de conexión entre
ambos sistemas impidiendo conocer los detalles de la supuesta transición
de los efectos causantes del verdadero caos de las turbulencias deterministas
y su relación de conexión espacio-temporal. La incógnita
pues, sigue servida.
No obstante, podemos considerar, aunque no se conozcan los mecanismos que convencionalmente intervienen en ello, que en ciertas condiciones de experimentación se consiga "romper" la barrera existente entre sistemas tan distintos y recibir de otro más allá dimensional plausible, información de contenido coherente con nuestros patrones de experiencia cognoscitiva, precisamente utilizando el más universal de los lenguajes: LAS MATEMÁTICAS ("Dios geometriza eternamente", decía Platón), con sus infinitos recursos, poniendo al servicio de una realidad, que de otro modo aparecería sin forma, los novísimos conceptos de la geometría fractal, como un nuevo lenguaje con el que describir la forma del caos. "Los fractales (dice la escritora de ciencia Jeanne McDermott) reflejan la textura de la realidad".
Alfonso Galeano & José Garrido